Las instituciones y organizaciones públicas o privadas tienen cada vez más oportunidades de estrechar lazos con la sociedad a través de múltiples acontecimientos y actividades (congresos, jornadas, convenios, patrocinios, entregas de premios). Es por eso que la comunicación protocolaria ha de ser asumida como parte de una estrategia integral de la organización para lograr proyectar la presencia e imagen pública del poder.

Las estrategias, técnicas y tácticas protocolarias pueden llevar al éxito o hacer que fracasen los objetivos de una organización. Y los gobiernos son conscientes de ello porque política y comunicación no pueden vivir por separadas. El protocolo permite la representación visual y plástica del poder y, por tanto, debe formar parte de las estrategias y tácticas de las instituciones que lo apliquen a través de su proyecto global de comunicación institucional.

¿Qué es el protocolo?

La acepción mayormente aceptada para la palabra protocolo es la de un conjunto de normas y disposiciones legales vigentes que, junto a los usos, costumbres y tradiciones de los pueblos, rige la celebración de los actos oficiales. Y trata tanto de reglas como técnicas.

La comunicación protocolaria debe estar presente siempre en el proceso de planificación, organización y gestión de los actos públicos oficiales, ya que constituyen un elemento fundamental al servicio de las relaciones institucionales.

En la actualidad, abarca mucho más que una ordenación espacio-temporal de una ceremonia oficial para colocar a las personas y entidades con arreglo a sus méritos y representación. El protocolo da muestras de orden, equilibrio y actualidad en la organización de los actos.

Es una herramienta estratégica de comunicación utilizada a través de los tiempos para proyectar la mejor imagen de las personas e instituciones que constituyen el poder establecido en forma de Estado.

La esencia del protocolo

La normativa oficial que lo regula en España, el Real Decreto 2099/1983, de 4 de agosto, por el que se aprueba el Ordenamiento General de Precedencias en el Estado, establece los principios de organización de todo acto oficial y unas preferencias en función de un rango, colegiado o individual, y no puede ser utilizada como arma para imponer, ofender o defenderse según las circunstancias o coyuntura política.

Para terminar como dijo el embajador Tomás Chávarri del Rivero, diplomático español y ex jefe de Protocolo del Estado, «el protocolo no implica ni servidumbres ni servilismos. No supone ni vencedores ni vencidos. El protocolo se sigue aplicando incluso cuando dos naciones están enfrentadas o en guerra».

Fuente: Remix del artículo La importancia del protocolo en las relaciones públicas institucionales  (Contenido Creative Commons)

Imagen: Flickr marianorajoybrey.

IMEP

Instituto Mediterráneo de Estudios de Protocolo (IMEP), centro universitario de educación superior en Organización de Eventos, Protocolo y Relaciones Institucionales.